lunes, 20 de julio de 2015

Ellas me enseñaron a ver...



Cada mañana mi jornada iniciaba más temprano con respecto al resto de mis compañeros y aunque perdía algunos minutos de sueño era para mí un verdadero placer desviar mi ruta para alcanzar a Made y a Tere


Un día las presentaron en mi aula. Como parte de una estrategia del Ministerio de Educación, se insertaban estudiantes provenientes de la Escuela Especial 14 de junio en la Secundaria Básica Prudencio Martínez. De la mano de sus profesores, temblorosas, con unas extrañas y pesadas máquinas a la derecha, a la izquierda un largo bastón.


El silencio de mis compañeros fue producto del respeto, de la inexperiencia, de la sorpresa, del hecho de nunca haber interactuado con una persona invidente. Una ráfaga de interrogantes se agolparon en mi mente, muchas que luego serían respondidas gracias a nuestra profunda amistad. 


Quiso el azar que la profesora acudiera a la jefa de grupo, yo en aquel momento, para dar unas palabras de bienvenida.


No recuerdo lo que dije aquel día, supongo que ellas tampoco, pero el acuerdo no dicho, pero si pactado desde aquel momento, era que iban a ser mis amigas.


Teresa Suárez y Madelaine Arias eran ciegas, ambas procedentes de Baracoa, muy despiertas e inteligentes, muy tiernas, siempre agradecidas por la compañía, pues cada mañana y cada tarde les servía de lazarillo en el trayecto de ida y vuelta hacia su escuela, para ellas su segunda casa, pues desde muy tempranos años vivían lejos de su familia para lograr formarse e integrarse a la sociedad. 


Quizás ellas nunca supieron que la favorecida era yo, por disfrutar de sus historias, por aprender a escribir y a leer en braille, algo que ya olvidé por falta de práctica, por disfrutar de sus bellas voces, por permitirme ser parte de sus vidas. 


Junto a ellas aprendí a cerrar los ojos y a dejar que las texturas, los sonidos, los relieves y la oscuridad misma contaran una historia  y descubrí que el vuelo de una mariposa puede pintarse con los acordes de una melodía o que el azul del cielo se respira a través de la serenidad de una tarde fresca en la que las olas del mar chocan contra la arena, aprendí que las cosas más importantes no se ven, se sienten.


Sobre todas las cosas,  aprendí que las limitaciones en la vida, solo las pone uno mismo y que cuando hay empeño y voluntad la discapacidad de una persona no es capaz de opacar el brillo de su personalidad o la fuerza de sus deseos. Para el desarrollo pleno de los ciegos y débiles visuales en Cuba, existen instituciones, escuelas y personas que dedican su tiempo en dotar a estas personas de las herramientas necesarias para su integración plena a la sociedad.  


En fecha de los 40 años de celebración de la creación de la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales de Cuba, rememoro este pasaje de mi vida, en el que puede ver más de cerca la cotidianidad y la luz de Made y Tere, hoy dos mujeres: la una madre de dos niñas y la otra se prepara para convertirse en traductora e intérprete, sin dejar que su discapacidad les impidiera vivir su vida y alcanzar sus sueños.

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