miércoles, 10 de diciembre de 2014

Mis pensamientos sobre Ayotzinapa. Parte I



Todo México debe sentirse Ayotzinapa

Ciertamente hay un sinnúmero de cosas en el Universo que sobrepasa mi entendimiento: la Astronomía, la Anatomía e incluso algunas corrientes filosóficas que en mi formación académica tuve que visitar; y cuando se trata de las Ciencias Exactas, los conocimientos simplemente no llegan a ser procesados.
 

Pero hay algo más elemental, que en mis cortos 24 años no logro comprender aún –a veces creo que nunca lo haré-  el comportamiento humano. A diario me tropiezo con acontecimientos que me dejan sin palabras, me indignan, me horrorizan, me despiertan ese sentimiento de impotencia, esas ganas de salir a gritar como una demente, por las calles y los campos del mundo y que la toda la gente justa y buena pueda sumarse a mi grito, a mi protesta.


En este espacio personal en el que vierto mis letras, algunas más acertadas que otras, quiero, desde hace algún tiempo tocar un asunto que día tras día se publica en diversos noticiarios, páginas webs, redes sociales y diarios, pero los días pasan sin que encuentre las palabras precisas para expresar mi sentir, mi pesar. 


Aún no encuentro las cosas más adecuadas para decir, pero supongo que ante un problema complejo no hay mejor solución que la sencillez, por lo que escribiré solo lo que siento. El presente no es un artículo periodístico o un profundo análisis del tema en cuestión, son sentimientos tornados en palabra, son deseos truncos de volverme pueblo, de volverme espada, de volverme cielo, de volverme fuego, de volverme cura, de volverme sol, de convertirme en aquello que se precisa en Ayotzinapa: de volverme JUSTICIA, VERDAD, LIBERTAD, SOLIDARIDAD, PAZ.


Lo que puedo hacer o ser…

No es la primera vez que algo así sucede en México, pero sí creo que es la ocasión en la que más le ha dolido al pueblo, al mundo. La desaparición de los 43 normalistas mexicanos aún hace noticia a través de las protestas de sus familiares en las calles mexicanas. 


No trato de hacer un denso artículo periodístico sobre el asunto, tampoco soy analista política ni especialista en estos temas. Este es, tal vez un soliloquio con mis pensamientos sobre qué es lo que puedo hacer o ser  como ser humano, como hermana de especia a la que la solidaridad debe ser una característica inherente. 


Me gustaría estar en las calles de Guerrero y levantar una pancarta y despulmonarme a gritos frente al gobierno, pensando en el futuro, en lo que no debe suceder más en el territorio mexicano ni en ningún otro país del mundo sin el debido castigo.


Me gustaría ver al pueblo mexicano, levantarse con los ideales de Hidalgo, de Morelos, los próceres de las primeras luchas independentistas de la América toda y sacudirse de las espaldas a ese vil gobierno que sigue sin dar respuesta, no por los 43 jóvenes desaparecidos, sino por los más de  20 mil personas que aún están desaparecidas en México. ¿Acaso las cifras no hablan por sí solas? 



¿Acaso no es suficiente luchar contra la muerte que cada día acecha en los acontecimientos y las enfermedades más insospechadas? ¿Hasta cuándo van a seguir los mexicanos luchando una guerra interna con el narcotráfico, con los poderosos carteles de drogas que causan inestabilidad, que protagonizan asesinatos, que son una de las mayores tristezas de ese bello pueblo?


Es hora de que el pueblo todo se levante a clamar por justicia, a escoger mejor a sus dirigentes, a sus legisladores, a sus agentes de ley, porque solo así podrán evitar otras negras páginas como las que actualmente se viven, en las que cada día está signado por la incertidumbre de quien pueda ser la próxima víctima de un secuestro, de un asesinato, de una cruel tortura.


Tengo varios amigos mexicanos, gracias a las redes sociales y la pregunta que abre cada una de nuestras conversaciones es: ¿Y cómo está México?

-No muy bien.- Así responden y en sus diálogos puedo sentir la tristeza, la indignación, el dolor que comparten como pueblo.


No me atrevo a decir que entiendo lo que pasa, que mis sentimientos homologan los suyos, porque pecaría  de injusta e incluso de insulsa al tratar de decir algo como eso, pero lo que sí es cierto es que hechos como estos y el asesinato de otro joven afroamericano en Estados Unidos y la liberación del oficial que causó la muerte del joven son ejemplo de las cosas que no puedo entender.
  Sé que mis palabras no son las más acertadas, ni las únicas, pero son las mías. Es mi solidaridad, plasmada en este espacio digital para los mexicanos justos que protestan en las calles de Ayotzinapa, de Guerrero, de México todo.
 


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