miércoles, 17 de septiembre de 2014

Educación sin fronteras. Entrevista a Maritza Cordoví, colaboradora cubana en Angola



A Maritza la conozco casi desde que tengo conciencia. También a su hija Arletty, quien luego fuera mi compañera de estudios en la carrera de Periodismo. Cuando nació Tonito, su hijo más pequeño, el vivo retrato de su padre además, decidí que aunque fuera siete años menor que yo, iba a ser mi “novio”, inocente tradición de niños que hizo crecer entre nosotros un sano cariño que perdura hasta hoy.
Conocida de mi madre, Mari es una mujer de habla pausado y sonrisa franca, nunca fui su alumna pero siempre sentí que conversar con ella era como recibir una buena clase, de esas que te deja con las ganas de aplicar lo aprendido y de continuar la investigación sobre el tema.
Profesora titulada de Marxismo- Leninismo, impartía lecciones en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Guantánamo cuando una misión internacionalista llamó a sus puertas con el nombre de Angola, tierra africana desconocida y lejana a la que debía llevar sus saberes.
Sobre sus experiencias conversé en una tarde gracias a la magia de las redes sociales que nos conectan alrededor del mundo.
¿Qué te motivó a cumplir misión internacionalista?
Bueno este tipo de misión no solo pasa solo por el prisma de que desees sino también de una selección. Creo que llevar la enseñanza a otras tierras es un privilegio, porque estás, primero, haciendo valer la preparación de los profesionales cubanos en educación y por otro te mides tú misma antes los retos de nuevas asignaturas otro idioma y otras perspectivas metodológicas y de investigación.
Un país extranjero, una lengua foránea. ¿Cómo asumiste el reto?
En esta situación solo uno puede sobreponerse y estudiar, aunque hay muchas palabras que no cambian mucho. Se trata de estudiar el idioma y apoyarse en aquellos que saben y hasta de los propios alumnos. Ahora  incluso ellos dicen que quieren aprender español. En el  aula poseemos una riqueza idiomática que a veces hablamos portuñol (sonríe) –mezcla de portugués con español- pero se logra un entendimiento. Traje de Cuba un traductor y eso también ayudó mucho.
¿Qué puedes contarme de los alumnos y la educación en Angola?
De los alumnos, algunos muy buenos, otros con los que hay que tener diferencias individuales.
Los profesores de acá donde estoy –Escuela Superior Pedagógica de la Provincia de Bengo- están ahora en función de su preparación científica, algunos muy nuevos pero con muchos deseos de superarse. Actualmente muchos realizan Maestrías, Doctorados y otros Postgrados, por lo general fuera del país. Creo que eso hay que lograr cambiarlo para que puedan superarse en Angola. El Ministerio de Educación de este país trabaja en ese sentido, incluso con personal cubano que asesora esta parte. Muchos realizan su superación en Cuba.
Otra dirección en la que hay que trabajar  es en cuanto a los alumnos, es mucha la diversidad de estudiantes en cuanto a edades, estrato social y demás, es muy complejo. Puedes encontrarte en un aula un alumno de 20 o 25 años, pero también de más de 50 años que ahora es que pueden estudiar, en el curso diurno por ejemplo. Nuestro país, aun con todo lo que puede perfeccionar y profundizar en materia de preparación de estudiante, es una potencia.
Esta diversidad en cuanto a los estudiantes ¿A qué se debe?
Angola logro su independencia del colonialismo en 1972, pero la guerra interna que se desarrolló hasta el 2002 dejó muy devastado el país. Muchas personas producto de tantos años de guerra, dejaron las escuelas y la superación, las por motivo de los disturbios, trasladaron su morada a Luanda, fundamentalmente, y es ahora luego de estabilizar sus vidas, que están aprovechando el tiempo y estudiando. Creo que es la causa fundamental.
El hecho de querer estudiar aún con edades tan avanzadas es muestra de que están en busca de superación pero también de exigencias en los puestos de trabajo. En mi modesta percepción es en la enseñanza básica en donde hay que trabajar con más ahínco.
¿Creces como profesional con esta experiencia?
Sí, como no. El intercambio académico, impartir disciplinas que nunca había impartido, hacerlo en otro idioma, tutorar trabajos de diploma, asesorar en la preparación metodológica del claustro de la Escuela Superior Pedagógica de Bengo, conocer otra cultura, la historia de Angola, no desde los libros sino desde sus propias personas, todo eso ha sido muy fructífero.
Por tanto, si me he crecido como profesional y es además un medidor de hasta dónde estoy o no preparada y por supuesto todo se lo debo a Cuba, la preparación que me ha permitido asumir esta tarea sin mayores contratiempos. He tenido que estudiar bastante pero no ha sido un problema, al contrario
Seguramente en este tiempo hay pasajes que no vas a borrar de tu memoria…
Bueno, los alumnos acá son muy nobles, respetuosos y he logrado que me cuenten sus problemas hasta personales. En cierta ocasión una alumna muy buena que de momento dejo de asistir y cuando regresó me dice que esta con un tratamiento por problemas en el vientre y que quiere que yo hable con su esposo porque él se negaba a realizar el tratamiento, por lo que ella no mejoraba, tremendo problema porqué acá aún hay mucho machismo, pero como ella acudió a mí como una amiga, tuve una conversación con él, quien  muy educadamente me dijo: “Profe, me hizo pensar. Gracias.”
Pero también en lo profesional guardo el recuerdo de estudiantes que no habían tenido contacto con un computador y tiene más de 50 años y me dijeron que yo los había alfabetizado en la informática porque les impartí una disciplina que llamada Tecnología para la Educación y cuando, en la primera clase, realizo el diagnóstico la mayoría no sabía cómo interactuar con estos equipos sin saber trabajar, tuve que cambiar programa e impartir todo desde el principio, desde como encender una computadora y realmente alfabetizarlos en cuanto a la temática.
¿Qué dejas en Angola y que te llevas contigo?
Creo que dejo en mis alumnos un espíritu de indagar, de alcanzar una cultura general. Cómo es una escuela de formación de profesores, también la necesidad de seguir preparándose para ser cada vez mejores. También dejo algunas amistades angolanas que nos han ayudado mucho.
Y me llevo la rica historia del país que me ha entusiasmado mucho sobre todo las tradiciones, su cultura y muchas cosas interesantes de sus gentes.
¿Qué extrañas de cuba?
¡Todo! Extraño el cielo azul, el verdor del paisaje, sus gentes. Realmente hay cuestiones de nuestra cultura muy diferente.
No sé con qué palabras expresar, pero se extraña todo: la casa, la familia, hasta el vecino y esa manera de ser el cubano…
Y cuando te entra el gorrión, como se dice, quieres hasta salir a nado para allá.... La familia es din dudas lo que más se extraña, mucho más cuando somos una familia unida. Yo nunca me había separado de ellos nunca. Eso es sin dudas lo más difícil. Pero ellos me dan fuerza, me alientan a mantenerme y creo que el amor y la unidad que tenemos, aún en la distancia, ha sido el mejor regalo que he recibido.

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