miércoles, 6 de agosto de 2014

Mis letras a Palestina



Hay días que no amanece dentro de mi cuerpo, que el sol se oculta detrás de una espesa niebla y solo veo un extenso camino que no tiene horizonte hacia dónde ir. En esos días nublados por dentro siento una tristeza que me inunda, como cuando en el cielo aparece un negro nubarrón cargado de lluvia, en esos días siento y sufro una tristeza ajena, pero que vivo como mía de una manera intensa y profunda.

Lloro lágrimas que saben a otras tierras y a otras vidas, a veces incluso a otros tiempos y mi corazón se aprieta por desgracias desconocidas pero no lejanas. 
En estos días, todo anda bien en mi vida, sin alegrías especiales, pero sin desgracias enormes, sin embargo siento como que sobreviene un gran pesar, pero esta vez creo intuir la razón.
Los medios de comunicación se hacen eco de la Tragedia Palestina, del crimen que de manera impune comete el gobierno israelí contra decenas de familias inocentes que perecen bajo las bombas que a diario destellan sobre el cielo de esta bloqueada nación.
Cierto es que mis letras vendrán a ser algunas más de las escritas sobre esta injusticia, pero no serán suficientes las emitidas, mientras existan en el mundo personas que desconozcan o ignoren tal situación en  un orbe que presume de su civilización, en un planeta que supuestamente alberga la única especie de vida inteligente, un adjetivo que a estas alturas estoy cuestionando de manera muy seria.
Además del conflicto histórico, religioso y cultural que separa a estos dos pueblos y que año tras año cobra vidas inocentes, la verdadera causa de estas letras es la incapacidad de algunos seres humanos de sentir dolor ante la injusticia, incluso aunque esta suceda a kilómetros de nosotros, aun cuando pudiera estar sucediendo en otra galaxia.
Más allá de los hechos, más allá de la distancia que nos separa del seco y marchito paraje que es hoy la franja de Gaza, más allá de la historia no contada, ¿no debe quedar el dolor humano de saber que tus semejantes mueren con la misma facilidad con la que cae del árbol una hoja marchita? En un mundo globalmente mediatizado, hay  quienes piensan que esa hoja no es novedad, que es natural que caiga junto a sus hermanas en el mullido suelo, para completar el ciclo natural de la vida.
Pero me niego a pensar que la muerte de cualquier ser humano, por causas no naturales o injustas es un evento cualquiera, porque el bombardeo unilateral de sostienen Israel contra Palestina no es una guerra, es un ensañamiento feroz contra un pueblo bloqueado y disperso, es pisotear una y otra vez la esperanza que aún queda futuro exento de ambiciones y miserias para los que poblamos este mundo. 
Los que no levantan su voz, los que no tienen días nublados por dentro, los que no agachan la mirada, los que no se quitan el sombrero ante la muerte, los que no reclaman por el cese de los asesinatos, esos ya van a medio camino de dejar de ser seres humanos.
Hace unas semanas que amanece nublado dentro de mi y no en  todo momento, pero si en ocasiones siento esa tristeza profunda de saber que se apaga un corazón, que se ciega una sonrisa, que se termina una existencia. En estos tiempos, tengo la certeza de que mi pesar viene desde Palestina.

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